domingo, 29 de diciembre de 2013
Está sola, allí sentada en el sofá de sú casa. Mirando hacia la nada, se siente rota, quemada, desholada. Intenta por todos los medios sonreír pero no es capaz de hacerlo, solo tiene ganas de gritar, romper a llorar. Se levanta y tira con la mesa, grita y rompe con todo. Quita los libros de las estanterias, tirándolos al suelo con rabia. Coge las fotos, las mira con morriña pero termina por tirarlas al suelo, rompiendose el cristal en mil pequeños pedazos como sú propio corazón. La chica cierra los ojos y deja por fin caer sú propio peso en el suelo. Vuelve a mirar todo, llorando coge un pequeño trozo de cristal y lo acerca a sú piel, se rasguña. Se corta, la sangre emana lentamente por sú piel... Se siente dolorida, se siente sola. No puede aguantar más las ganas de destruirlo todo, de quemarlo. Se levanta pesada, camina por la casa sin rumbo. Abre una puerta y entra a la cocina, abre el gas y echa alcohol por todas las cosas. Desde la cama, las sudaderas con sú olor hasta en el baño donde se hayaban sus cepillos de dientes. Lo perdió todo. Todo. Y el destino ya le venía avisando de que eso podía suceder. De pronto en su mano se encotnro con una botella de whisky barato, comenzo a bebersela mientras se reía a carcajada. Había enloquecido. El estar sola y recordar hasta cada segundo de como era su vida antes la hizo enloquecer. De pronto encendió un pitillo, comenzó a fumarlo y echó la cerilla al suelo... El fuego se propagó rápido por el suelo, llegando a todos los rincones de la casa, llegando al gas y probocando una gran explosión. Ella murió allí, sentada y agarrando una foto de la que e
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